Un poco de lo mío...

Carl R. Rogers nació el 8 de enero de 1902 en Oak Park, un suburbio de Chi­cago; murió en La Jolla, California, el 4 de febrero de 1987 a la edad de 85 años, tras una operación de fractura de cadera.

En 1928, antes de cursar su doctorado, comenzó a trabajar en Rochester, Nueva York, principalmente con niños delincuentes y pobres que los tribunales y agencias remitían al Departamento de Estudios Infantiles de la Sociedad para la Prevención del Trato Cruel a los Niños (Child Study Department of the Society for the Prevention of Cruelty to Children). En 1964 se unió al Western Behavioral Sciences Institute como residente. De 1968 a su muerte fue residente del Centro para el Estudio de la Persona en Lajolla, California. FENOMENOLOGÍA    HUMANISTA

El punto de vista de Rogers sobre los humanos se lo conoce normalmente como una "teoría del yo","teoría fenomenológica" o "teoría de la realización". Cada uno de estos nombres expresa algún aspecto importante de su pensamiento.

De acuerdo con Abraham Maslow, afamado ex catedrático de la Universidad Brandéis, la psicología humanista constituye una "tercera fuerza" en la psicología esta­dounidense; las otras dos fuerzas son el psicoanálisis y el conductismo. Se puede consi­derar que Rogers fue parte de esta "tercera fuerza".

Su enfoque está tan cerca del enfoque de Maslow que podemos considerar ambos enfoques complementarios. Rogers pensaba que cada persona vive y construye su personalidad a partir de ciertos objetivos; y el objetivo más alto sería ser feliz, autorrealizarse.

Pero Rogers le da mucha importancia a una idea que coge de un filósofo noruego llamado Kierkegaard: el único modo de autorrealizarse y ser feliz es aceptarse a sí mismo y llegar a ser quien se es sin máscaras. Rogers está convencido que toda la infelicidad de las personas proviene de no aceptarse como son y dejar que su personalidad se vaya construyendo sin trabas. Sólo cuando una persona se acepta a si misma, pierde todos los complejos de mostrarse tal y como es frente a los demás y frente a sí mismo puede realmente realizarse.

LA TENDENCIA A LA AUTOREALIZACIÓN

Como Maslow, Rogers consideró que los humanos tenían una tendencia natural a la realización. Según Rogers, los humanos necesitan y buscan básicamente su satisfacción personal y el establecer relaciones muy estrechas con los demás. Consideraba que nuestra postura frente al mundo se decidía fundamentalmente en la percepción que tenemos de la realidad y de las demás personas, por eso lo realmente interesante es buscar una buena forma de relacionarnos con el mundo. Algunas personas tratan de relacionarse con el mundo de una forma más “objetiva” considerando tantas fuentes de información como sea posible (por ejemplo, diversos datos sensoriales, las opiniones de otras personas y los resultados de estudios científicos), mientras otras in­tentan evitar el contacto con información posiblemente conflictiva (opiniones de los demás, datos de los periódicos… etc) y se comportan dando más valor a sus impresiones subjetivas.

No existe camino seguro a una "realidad verdadera" conforme a la que se haya de vi­vir, pero Rogers creía que una postura abierta a las diferentes posibilidades nos mantendría más vivos y con más posibilidades de una buena vida. La persona debe estar abierta y sensible a las experiencias internas (sensaciones, sentimientos, pensamientos y otros) así como al ambiente externo (las opiniones de los demás, los hechos agradables y desagradables… etc).

De acuerdo con Rogers, los humanos nos encontramos en un estado de "ser y convertirnos en", siempre estamos en camino de convertirnos en otra cosa diferente de lo que somos con el fin de hacer nuestra vida más plena. Por eso es tan  importante vivir en un ambiente que nos permita el crecimiento personal, que no nos estanque ya definitivamente en una horma de ser, de pensar, de sentir… etc. Solamente así es posible la realización como hombres y la felicidad.

Según Rogers, la tendencia a la realización es el único motivo básico humano. Creía que el organismo humano tiende de manera intrínseca a conservarse y a esforzarse por me­jorar; esto es lo que quiso decir con "realización".

El ser humano es básicamente activo y si las condiciones son favorables intentaremos desarrollar nuestras potencialidades al máximo; cuando no se da este desarrollo el individuo entra en una crisis y se convierte en un ser problemático e infeliz. Los aspectos específicos del crecimiento humano varían de persona a persona; no todos harán exactamente las mismas cosas cuando las condiciones sean pro­picias para la realización. A modo de ejemplo, un individuo podría elegir involucrarse intensamente en la vida de familia y la educación de los hijos, afanándose por realzar sus experiencias dentro de ese contexto, en tanto que otra persona podría estar muy interesada en aumentar su competencia profesional y en entablar relaciones significati­vas no matrimoniales.

Sin embargo hay generalizaciones que son válidas, podemos referirnos a algunas que son muy importantes para el crecimiento y realización personal en todas las personas:

La flexibilidad en vez de la rigidez.

La apertura en vez de la actitud defensiva.

La autonomía (mayor libertad del control externo) en vez de la heteronomía.

Un autoconcepto positivo y realista.

Estos tres elementos pueden dar una buena pista sobre nuestra postura más dispuesta o menos dispuesta hacia la realización y la felicidad plena. Para lograr esto propone una serie de pautas a aplicar en la vida de cada uno:

1. Dejar de utilizar máscaras: no aparentar una cosa que no eres. gastamos muchas energías disfrazando nuestra verdadera personalidad. En la clase, por ejemplo, seguro que intentamos parecer mucho más adultos, seguros, violentos, despreocupados... de lo que realmente somos. Uno mismo es quien sabe mejor cómo es, pero el hecho de quitarse la máscara, de salir de la fachada que nos oculta cómo somos realmente nos da miedo, y por eso preferimos ocultarnos.

2. Dejar de sentir los «debería». La conducta de las personas está marcada por muchos elementos. Uno de ellos son las normas, que nos dan nuestros padres, la autoridad social, la presión social, etc. Hay un momento en que estas normas están tan interiorizadas, nos marcan de tal modo, que las seguimos aunque no queramos seguirlas. Es decir, hacemos las cosas porque nos han dicho) que "debes hacerlo» y no porque realmente queramos hacerlo o creamos que es la manera más adecuada de hacerlo. un ejemplo claro de esto podría ser la relación que mantenemos con nuestros padres. Ellos, con sus recomendaciones, sugerencias y órdenes, intentan, con toda la buena voluntad del mundo, ponernos en el buen camino. Y nosotros, en cuanto no seguimos alguno de estos planteamientos, tenemos mala conciencia. Nos avergonzamos de nosotros mismos por no haber atendido a sus prescripciones. El hecho de cambiar esta forma de hacer y de dejar de seguir los «debería" es una fase fundamental del proceso.

3. Dejar de satisfacer expectativas impuestas. La psicología social nos dice que tendemos a hacer aquello que hacen los otros. Nuestra cultura pretende que los individuos sigan unos patrones, unos modelos y cumplan determinadas expectativas. La consecuencia es que las personas viven de acuerdo con valores que los otros han fijado pero que tal vez no sean nada significativos para ellas. Por ejemplo, una expectativa social de un estudiante de bachillerato es que vaya a la universidad, tenga un trabajo de prestigio, forme una familia y gane mucho dinero. Pero tal vez una persona, al acabar la secundaria, prefiera viajar por el mundo, o dedicarse a una actividad de voluntariado en una ONG, o retirarse a una granja en el campo para dedicarse al cultivo biológico, o simplemente pasarse un tiempo de tranquilidad porque no sabe qué quiere hacer...etc. Sin embargo, la mayoría de las veces no nos atrevemos y nos vemos vencidos por las exigencias sociales.

4. Dejar de esforzarse por agradar a los demás. Muchas personas se han educado y se han formado intentando siempre agradar a los demás y con el miedo permanente a recibir una critica o una censura por parte de los otros. Esta conducta les convierte en esclavos de esta idea y les impide que se acepten a sí mismos como son y desarrollen su propia personalidad; estos individuos son incapaces de desarrollarse, únicamente viven a la espera de ver qué espera el otro para actuar. Las personas que realmente son libres, que se han aceptado a sí mismas, dejan de intentar hacer las cosas en función de los otros, hacen las cosas porque las quieren por sí y para sí.

5. Auto-orientarse. Elegir desde tu propia autonomía tus objetivos y tener en buena parte de ellos las razones de esta lección. Significa ser autónomo, no depender de los demás, de la familia o de la pareja; saber que si te equivocas eres el único responsable y que nadie va a venir a sacarte las castañas del fuego. Esta autonomía genera miedo porque uno se ve “solo ante el peligro”, pero la dependencia es aún peor, nos lleva a sufrir mucho más.

6. Comenzar a ser un proceso. Las personas que se aceptan a sí mismas notan que entran en un proceso constante de cambio y aún disfrutan de ello; no tienen miedo a cambiar de trabajo, de lugar de residencia... el mundo no les queda grande y no tienen miedo a perder cosas si ganan otras. No se esfuerzan por llegar a estados definitivos  porque prefieren no estancarse.

7. Aceptar la propia complejidad. La experiencia de este estilo de cambios implica aceptar la propia complejidad. No vernos de manera simple en la que o somos buenos o malos, o trabajadores o perezosos, o simpáticos o aburridos. Las personas que no se aceptan a si mismas tienden a generalizar situaciones: si tienen un desastre amoroso pasan del “no le gusto a mi pareja...” a “no le gusto a nadie”, si una noche de fiesta están aburridos, espesos, torpes... concluyen que son un muermo (y en el caso contrario se ven como Travolta en “Fiebre de Sábado noche”). Aceptarse a sí mismo significa aceptar la complejidad; significa que puedo ser a veces simpático y a veces aburrido, a veces bueno y amable y otras bastante egoísta. Los momentos buenos no les lleva a “endiosarse” ni los malos a tirarse por el Walter.

8. Comenzar a abrirse a la experiencia; significa comenzar a verse como lo que uno realmente es, no evitar ninguna parte de nuestra personalidad aunque nos resulte oscura o desagradable.

9. Comenzar a aceptar a los otros. Solamente si nos aceptamos a nosotros mismos podremos estar bien con las demás personas. A medida que aceptamos nuestra experiencia, estamos más capacitados para recibir las cosas que nos proponen los otros. El que no se acepta, nunca estará cómodo en la relación con los otros ya que trasladará su idea sobre sí mismo sobre los demás pensando que tampoco ellos le aceptan.

10. Comenzar a confiar en sí mismos. Comenzar a aceptar nuestra propia forma de ser nos dará tranquilidad y confianza. Confiar en uno mismo no significa adoptar una actitud prepotente y pensar que “todo lo hago bien”, significa más bien no tener temor a equivocarse y atreverse a experimentar; tal vez nos guste la literatura y escribir pero, cuando lo hemos intentado descubrimos que no estamos a la altura de las obras que leemos; si confiamos en nosotros mismos aceptaremos nuestra carencia y trataremos de mejorar día a día; si no confiamos en nosotros mismos descartaremos posibilidades que nos atraen mucho con la excusa de “no ser suficientemente buenos”.  Algunos ejemplos de esto son personajes como Einstein, que no estaba suficientemente preparado en física pero siguió con sus investigaciones como creía honestamente que debía hacerlo.

EL YO: EL CONCEPTO DE UNO MISMO.

La noción de yo o autoconcepto es tan importante en la psicología de Rogers que a su te­oría se la suele llamar "teoría del yo". La forma en la que una persona se ve a sí misma es el factor más importante para predecir la conducta futura, porque junto con un autoconcepto realista hay una percepción realista sobre la realidad externa y la situa­ción en la que el individuo está".

El autoconcepto se forma a partir de las experiencias (internas y externas) que tenemos a lo largo de nuestra vida. En un primer momento (cuando somos bebés) las experiencias que podemos tener son únicamente internas pero a medida que  nos vamos desarrollando, la tendencia a la mejora lleva al niño a establecer interacciones con otras personas y cosas, ampliándose su autoconcepto.

Hay que comprender  que el yo es un concepto fluido y cambiante; no tenemos una personalidad fijada de antemano, sino que vamos cambiando a medida que nuestras experiencias internas y externas cambian.

Rogers se dio cuenta que en las personas con problemas, existía una diferencia muy notable entre las per­cepciones  sobre cómo son (el yo) y las percepciones de cómo deberían ser (el yo ideal). El objetivo fundamental de la terapia humanista era acortar esta distancia lo más posible

Es fundamental para el desarrollo de un buen autoconcepto la valoración y aceptación por parte de los demás; Rogers llamaba a esto “necesidad de amor”. Creía que una necesidad fundamental del ser humano para desarrollarse de forma plena y feliz era el amor. Esta necesidad de amor y afecto es innata). Por esto, ciertas personas en la vida del niño (y posteriormente en la vida adulta) adquieren gran importancia. Estas personas signifi­cativas (por ejemplo, los padres, los amigos, la pareja) pueden influir fuertemente en el individuo al dar y negar amor y aceptación, y su influencia es decisiva en el desarrollo psicológico.

Lo fundamenlat es comprender que aprendemos a vernos en la forma en que otros nos ven. Este hecho puede causar ciertos conflictos en el desarrollo de nuestra personalidad. Puede ocurrir que las experiencias internas (sentimientos, deseos,, ideas, valores) entren en colisión con la experiencia externa de la valoración y aceptación de los otros; por ejemplo, que algo que de forma interna vivimos con alegría y satisfacción, es valorado de forma negativa por los que nos rodean. En este caso se produce un conflicto y os lanzamos a la busqueda de una posible conciliación; a través de las soluciónes encontradas se decide gran parte de nuestra personalidad.

Rogers se dio cuenta que tales conflictos suelen surgir en torno a los siguentes valores:

1. La sexualidad es mala.

2. Es bueno no cuestionar la obediencia a la autoridad.

3. Es muy importante ganar dinero.

4. El aprendizaje escolar es bueno.

5. Es malo que los hombres lloren, se abracen y demuestren sus sentimientos

6. Es malo que las mujeres sean asertivas e independientes.

Por regla general tendemos a admitir ste tipo de valoraciones a fin de obtener una aceptación y valoración por parte de los demás. el problema surge cuando estos valores van en contra de nuestras experiencias internas positivas al respecto.

Según Rogers, la incorporación de los valores y patrones de los padres, si son incoherentes con la propia ex­periencia interna puede perjudicar al individuo. La persona que pierde contacto con la experiencia interna tiene más probabilidades de desarrollar rasgos como ansiedad y hostilidad

Los pensamientos, sentimientos y acciones que otras personas significativas aprue­ban (y que finalmente aprobaron los mismos individuos para conservar la consideración positiva y la autoconsideración) pueden ser tan diferentes de las experiencias internas que se genera una distancia entre el autoconcepto y la experiencia interna básica: tenemos una consideración de nosotros mismos que no se corresponde con cómo nos sentimos. Esta situación es poco saludable y origina que la persona funcione de una manera restringida e ineficaz y que experimente tensión y ansiedad.

LO ideal sería que, en principio, las experiencias internas fueran del todo valoradas por quienes nos rodean; a esto Rogers lo llamó consideración positiva incondicional. Se produce  cuando una persona percibe que todas sus experiencias del yo (sentimientos, pensamientos, sensaciones, etc.) son me­recedoras de la consideración positiva por parte de otras personas significativas; en otras palabras, no se imponen condiciones de valía a esa persona. Si se nos acepta y valora, se nos considera valiosos incondicionalmente; se nos permite estar conscientes de toda la gama de nuestras experiencias internas y no tenemos que negar o rechazar as­pecto alguno de ellas a fin de obtener y conservar la consideración positiva de otros.

Sin embargo aunque esta debería ser la tendencia general de los padres y educadores, Rogers aceptaba que no debe ser absoluta. Es decir, no es aconsejable valorar todos los deseos, pensamientos, sensaciones y sentimientos ya que podría darse el caso, por ejemplo que unos padres promocionasen las experiencias internas tendentes a la agresividad. Por ejemplo, puede ser mal visto golpear a otra persona; pero la persona que golpea y el deseo de golpear, pueden aceptarse. De esta manera, se conserva la consideración positiva incondicional.

En esta línea de razonamiento, sería posible que los padres expresaran desagrado ante ciertas conductas de su hijo, tales como tirar comida en la mesa, pegar a un her­mano, golpear la pared conun martillo, ser grosero con un vecino o tirar del rabo al perro, y al mismo tiempo hacerle saber que sí aceptan el hecho de que él quiere hacer esas cosas. Es decir, no permitirán que las conductas del niño interfieran con su amor o con la aceptación de sus sentimientos.

Un padre, maestro o amigo puede hacer ver a un hijo, estudiante o compañero que el amor y la aceptación no están en peligro, a pesar de que manifieste molestia, enfado o desaprobación de una conducta concreta. Es importante que se mantenga el respeto por las personas, por sus pensamientos y sentimientos sin importar los aspectos especí­ficos de las interacciones en un momento dado. Si esto secede, los individuos no ten­drán que desprenderse de sus experiencias internas, aunque podrían inhibir algunas conductas disruptivas.

LA TERAPIA HUMANISTA DE ROGERS

El foco principal de la terapia humanista está centrada en el cliente está en los esfuerzos de éste para afrontar sus experiencias reales y generar maneras de vivir más significativas y satisfactorias. Rogers creía que los individuos tienen dentro de sí la capacidad para descubrir lo que les hace sentirse ansiosos e infelices y para generar cambios en sus vi­das. Sin embargo, esta capacidad puede permanecer latente, debido a diversas fuerzas negativas por parte de los padres y de la sociedad: en tales casos, la terapia centrada en el cliente podrá ayudar a movilizar las tendencias inherentes al entendimiento y el crecimiento personales. El terapeuta proporciona una atmósfera cálida y de aceptación dentro de la cual sus clientes pueden expresarse abiertamente. No es trabajo del tera­peuta dar consejos o "corregir a los clientes"; en vez, de eso, su tarea es proporcionar aceptación sincera y comprender los esfuerzos de los clientes para lograr una mayor comprensión de sus experiencias internas y de su relación con el mundo.

Este modelo de conducta resultó ser muy efectivo y Rogers lo extendió a todos los ámbitos de la existencia humana. La idea era que el trato con los demás en un ambiente de aceptación ayuda a comprenderse a uno mismo, y esta comprensión permite la superación de las dificultades. Por eso la terapia humanista se empezó a aplicar a grupos de encuentro, relaciones de pareja, educación y solución de conflictos.

Rogers pensaba que para que se dieran las condiciones de una terapia fructífera debían establecerse ciertas condiciones fundamentales:

1. El terapeuta es compatible en la relación  y es capaz de tratar al cliente en función de su propia experiencia interna (la del terapeuta). Existe armonía entre lo que el tera­peuta siente y lo que comunica al cliente. Rogers indicó que en ocasiones la compatibilidad o autenticidad puede ser la condición principal para el progreso en la terapia (Raskin y Rogers, 1989, p. 172). El terapeuta compatible no niega los sentimientos que él experimenta durante la terapia y está dispuesto a expresar abiertamente sus emociones persistentes.

2. El terapeuta experimenta consideración positiva incondicional por el cliente; se relaciona con él en una relación personal y acepta que el cliente es un individuo valioso, sin im­portar sus características, emociones o conducta. Se "valora" al cliente por lo que es y por lo que puede llegar a ser. Otros términos que comprenden aspectos de esta condición son "cordialidad", "aceptación" y "cuidados no posesivos".

3. Se da un entendimiento empalico del cliente. Rogers indicó que el terapeuta debe estar implicado de manera sensible con las experiencias del cliente y ser capaz de comu­nicar efectivamente que se ha comprendido sus experiencias. En cualquier caso, el terapeuta no deberá incurrir en cólera, confusión, miedo u otras emociones que pudiera sentir el cliente. Es esencial percibir con precisión y compartir las expe­riencias del cliente, pero el terapeuta debe permanecer suficientemente desvincu­lado del impacto emocional para conservar clara su perspectiva. De esta manera se le puede ayudar al cliente a obtener enfoques más claros. Rogers creía que cuando era más empático, podía aclarar no sólo los significados aparentes, sino también los que se encontraban justo por debajo del nivel de conciencia del cliente.

La compatibilidad, la consideración positiva incondicional y la empatia ayudan a crear un clima en el que los clientes pueden eliminar su temor a expresarse y se po­nen en contacto más próximo con su experiencia interna.

El siguiente diálogo es hipotético y su propósito es solamente ilustrar (de modomuy simplificado) el tipo de intercambio que podría tener lugar entre un cliente y un terapeuta:

Cliente: No sé por qué soy tan sensible... parece como si todo... bueno, no sé. Por ejemplo, si mi jefe dice la menor cosa acerca cíe mi trabajo, me siento herido. Si mi esposa menciona algún pequeño fallo, reacciono con una especie de gestos de desagrado e incluso hasta puedo encolerizarme y... tal vez hasta irme de casa.

Terapeuta: ¿Tienes la sensación... sientes que eres demasiado sensible a lo que dicen los demás?

Cliente: Sí, ¡maldita sea! ¿Por qué no puedo ser una persona como las demás y decir tengo razón o de lo contrario admitir que estoy equivocado? No, yo no. ¿Por qué hago un mundo de las cosas? Sólo siento que me hundo y se acabó... bueno, me siento muy bruto, ridículo y tonto.

Terapeuta: Ciertamente duele... te gustaría reaccionar de otra manera a la crítica... realmente te molesta no ser capaz.

Cliente: Claro que sí. Este sentimiento es horrible... no me hace ningún bien.Tam­poco a nadie. Pero, ¿cómo puedo cambiar? Lo he intentado, amigo mío. / Vaya que si lo he hecho! Parece que soy demasiado emotivo y no puedo ver las cosas como son, y acabo haciendo lo mismo una y otra vez... sigo haciendo las mismas tonte­rías.

Terapeuta:  parece que es muy difícil cambiar... no cambia nada, siguen apa­reciendo esos sentimientos... ¿Es eso?

Cliente: Sí, eso es. Repito y repito lo mismo. Creo que me es difícil admitir que tengo fallos... que no soy perfecto... y tengo la impresión de que la gente no me querrá si ven mis errores.Tal vez por eso soy demasiado sensible... quizás es por­que no quiero que la gente vea mis equivocaciones, tal vez porque tengo miedo de no gustarles o de que no me respeten.

Terapeuta: Ya veo... m-hm... Sigues haciendo las mismas cosas porque es difícil admitir que puedas tener algunos fallos.Y temes que tal vez no gustes a los demás o que no te respeten si ven tus errores... Es muy difícil cambiar, ¿no es así?

En un diálogo escrito entre un terapeuta y un cliente se pierden muchas de Jas di­námicas completas de la situación real. La cordialidad y los sentimientos que se mani­fiestan, la duración de las pausas y titubeos, el tono de las afirmaciones y otros aspectos de importancia que caracterizan a la relación de terapia no se aprecian en el relato an­terior. No obstante, sí se refleja en parte el papel del terapeuta como clasificador y or­ganizador de las expresiones del cliente y como una persona que le importa y acepta. Al colaborar en la liberación de las capacidades de realización del cliente, el terapeuta contribuye al desarrollo de éste de manera profundamente comprensiva aunque sin interferir.

 

-----------------
Carlos Smith S



Por subir el tono de este blog

eres bienvenida

Cariños



Creo que el poder tener la iniciativa de hacer cosas referente a nuestra carrera no es gratis, que pasa por tus tremendas ganas de crecer profesionalmente se    te agradece tu aporte y generosidad con los otros y me siento motivada a tu lado.

Espero  tenerte siempre cerca para poder retroalimentarme gracias Hermana

Daniela Gallardo

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar